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jueves, abril 17, 2008

¡Vive!

Image: Graciela Iturbide



Ese Ser
que al anochecer
acontece,


en el ojo de su ocaso.





El sello que hizo
en mi nombre;

es el rostro

que sé yo no oír.





Te pienso... y te vas

por ser oído

en la palabra que huyes.


Medio terror,
por dos dedos,


que unen mi mano

al árbol.






¡Se ríó! Lleva en el agua

tu rostro en-mu-de-sí... ha ido…

sábado, septiembre 15, 2007

Boca nadas en las palabras


Debo el siguiente trance al buen oído de mi lado. A la siempre apasionada discusión de Seryôël Dreiter quien atento a lo que se eleva vuela. Así, dedico al viejo Humo Sapiens Guillermo Cabrera Infante (Puro Humo) y a todo fumador de la vida-muerte psicótica de la nicotina.


Image de Mme. Davis (Le cigarrete c'est une vie)


Qué sino era la muerte... como si el cigarro la hiciese, como si en nadie estará en su ojos saber que al dejar de respirar muere... Quién quiera morirse que se haga colilla o un filtro; qué se haga su tumba de nicotina... pero que jamás respire al aire, que ése, si que mata con tan sólo saber vivo... Me muero por estar despierto... por hacer del tiempo humo y el hilo ciego... por matar a tres nobles cigarros en el cenicero de porcelana, sin velorio, sin entierro.... por dejarles morir en mi boca que sin palabras les robaron su cuerpo.

jueves, agosto 30, 2007

A la ave del Viento

"Hoy vi a una ave cojear, dejaba su dolor en la huella del fango"



Seryöêl Dreiter




Image: Luis Vence



"Hoy el viento robó su cuerpo... y yo huída siempre, voy en busca de lo que somos"



Seryöêl Dreiter



Image: Leonora Carrington


RESPUESTA:



"Pensaba en él, el caracol de mar, se hace ola y nunca sal será. Vivir es vida desde el aus-cento"


Isaac Gruthier



miércoles, mayo 23, 2007

Arpa de color magenta


A Petit Prince


Un arpa ruboriza al cielo, como si la tristeza tuviese un color magenta –he visto en algún lado este sonido. Forcé la memoria, pero no había recuerdo ni eco semejante a esta instantánea ¿Seré preso de la melancolía? Sólo un melancólico ve sonidos del pasado, los usa como intersticios, huye en ellos, en ellos ora, llora en ellos, y ya en ellos deja de ser él. Este no sería mi caso, pues hace un par de días que la melancolía ya no habita –¡En vano he de esforzarme! Los ojos cerrados jamás recuperan recuerdos, elaboran los propios a través de los fantasmas que quedan al peinar la realidad con inquietas pestañas. Ver al cielo en magenta, sería verle llorar con los ojos llorando o ruborizarse por culpa del atardecer, fue desde entonces que me he propuesto gravar minuciosamente la realidad, para cuando habite en ellos, nosotros o ustedes, tengan mis colores en su mirada.

Valiente solución, desde aquí instar por instantáneas curiosidad y respeto a los días. Y si el arpa que entinta magenta al cielo no existía, verla con ojos de otoño y hacerla danzar en las hojas viento, será bastante insinuación para asirla –adelante, me dije. Comencé a ver, aves, y en ellas el desvelo del arpa nocturna. Había iniciado, con un pequeño desliz, el arpa nocturna, que muda en magenta al silencio de la mirada.

Fue así, que le encontré tan dispuesta a volverse recuerdo, sin querer ser tiempo, antes del ocaso, antes del desvelo, mucho antes que el paraguas de hielo se derritiese el cielo. Unió, como arpa de poetas, a la muerte en el quicio de la puerta. Solo veía su espalda, era un trigal inmenso, en ella las sombras danzaban con el viento, un ligero sonido emulaba al recuerdo. Me separaba de ella una ventana. Reflejo nulo. Al iniciar con el arpa nocturna, mi deseo de cielo magenta se hizo instantánea, su espalda, invadida por cortes de gota en la ventana, uno a uno maquillaron una flagelación con su reflejo hecho sombra, y el sonido, que a veces se agotaba con murmullos de glosa, encadenó el Déjà vu que imaginaría después. La mirada bajó hacía mi mano, leí mi destino. Había creado un arpa que ruborizaba al cielo, como si la tristeza tuviese un color magenta.

jueves, diciembre 28, 2006

Le recuerdo, cada uno de sus gestos re-ánima aquélla ocasión. Hoy ver al cielo, con las rimas de la luz, describe lo que usted ha soñado, y que aún, –diptongo infame– se anida en sus labios. Las reconoce sin los n(h)ombres con la “h” que muda junto a vos, al silencio.
–¿Asombrado? –preguntó, mientras la luna crecía a espejo.
–¡No! Estoy sin sombra, asombreado, en la arena que me une a usted, María.

Pero todo es una flor, ¡delirio! Eco que regresa tres, cuatro, dos, seis veces a mis oídos… un espejo de sonido, algo similar, estrellas:

“nuestras vidas estás llenas de mariposas blancas que esperan, soy un cadáver, y todas ellas son larvas aún sin forma, ¡ande nómbrelas!...”