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viernes, abril 03, 2009

Fire


Image: Fire de Rvben Fventes


Escuché en el Lejos tu lápiz, me dibujabas desconcertado, a la Distancia.
Alguna que otra vez cierras los ojos atento a la hoja, haces del detalle en la ausencia, realidad. Inicias mi rostro a sabiendas que te costará tanto terminarlo, como aquel beso, que recorre con ojos cerrados el posible de un mirar. Caía sobre mi rostro tu lluvia, mientras mirabas fijamente el espacio blanquecino de la hoja, el relámpago de tu corazón anunciaba el deseo de que cayeras en Otoño. Dibujas un árbol en mi cabeza, como ideas, tomando forma al mirar lo que tu pulso hace desde el resguardo.

Sonó el teléfono. Iluminas de inmediato el color de mi ojo derecho, impulso preciso, olvidarías el azul de mi retirada mirada, el azul del Eco. Al tercer timbrazo, respondes al fin.

–¿Puedes ver las líneas que mantienen el universo conectado? –te pregunta una voz aún desconocida en ti.
–¡No, no puedo! Aún soy una línea del universo –le respondes como por instinto.
–En la Calle Altamira hay un paquete que debe usted recoger, lo tenemos aquí desde hace ya más de dos semanas, que podrían ser seis meses o cinco años, para el caso da lo mismo; por favor, pase por él lo antes posible, sino es que más posible que antes… –te ha dicho la voz desconocida en ti un tanto angustiada.
–¿Altamira y qué?, le preguntas. Un bip prolongado. La voz se cortó.

Me miras cuestionando en dónde envié aquél paquete que hace años guardaste celosamente. ¿Por qué me preguntas por el futuro, si aún no me has terminado de trazar en tu presente? ¿Qué injusto Dios te has vuelto para mirarme y, antes de un punto, preguntar?... observas el único ojo que has dejado capaz de verte, que hiciste azul. Te entumeces. Es mayo, los días vienen calurosos, pero la lluvia diaria de esta ciudad nos hace olvidar que hay más estaciones. ¡Tápame, cubre mi pecho! ¡Trázame vestimenta! Venda mis manos, pídeme hablar…

Exploté por el volcán. La ceniza se confunde con tu tiza del lápiz. Ilustras mi sexo y cuerpo. Amenazas con borrar ciertos errores, me has hecho rizada, sosteniendo la Nada con la mirada del barco. Me miras, te miras. Decides ir por aquél paquete.


Timbra el teléfono. Respondes.
–¡Hola querido R.! No puedo esperar más, envíeme de inmediato la imagen de aquella mujer, perderemos su trazo y el paquete de colores que nos robó para dibujarse.

Cuelgas al auricular. Prendes un cigarrillo. Abres tu mano, eliges un punto y te decides por fin a viajar. ¿Me irás a buscar?



Piensa el árbol en sus hojas de otoño,
piensa, el ave y el inicio,
Veía al mar.
¿Cómo puede llevarse toda la sal de las cosas,
una sola lágrima?
Besé al aire y tus labios se perdían en la explosión de un volcán.
Manos vendadas, ojo baldío posado entre el rostro y mi cabello.
Fuego que ama, quemando, las nubes de sal;
se lloran, se buscan, se encienden con el sol al callar.

jueves, mayo 22, 2008

Late en sí

(Late... ido al vaivén)
A Sëryôel Dreiter,
Aurora, Ramón, Diego R., Jessica Rucinque, Lina Gómez,
Sylvie Bosserelle, Fernando Matamoros,
Guillermo López, Marlen Vargas, Cecilia Zeledón, Julia G.
Sergio Tischler, John Holloway
y Ernst Bloch.
Por hacer del presente latido, respiro, vida.

Image: Búscame detrás de los efímeros instantes... de Luis Vence
Yo hora:
no soy tiempo,
ni habla entre voces
– ¡di minuto es lo pequeño en mí!
Se es niebla, lágrima que hoy oró
vacía,
por venir, el latido llegó....
latencia...

Image: Todo es Fuego (en mis ojos) de Luis Vence

martes, febrero 19, 2008

rEspiral

Bonne Voyage M. SëryOel


Image: Víctor López Ruiz


Y así nos hacemos al aire, que toma forma, que se conserva y entra en el cuerpo que le brinda. Así nos conservo en el aire, que si hace espiral, no espía a la frase, se deshace al vuelo.

viernes, noviembre 16, 2007

Amourtation

Guarda tu cariño. Espera. Una cosa es dar, otra obligar a recibir
Image: Profundidades estratosféricas de Marlen Vargas
Desde hace ya algunos días, las voces comienzan a abandonarnos. El sábado, para ser exactos, fui testigo del suicidio de una lagartija, cayó algunos pisos para paralizar su luz. Quizá ahora es una estrella o talvez ella era mi voz. Aún no lo sé, pero algo se mantiene con seguridad, el amor es un cielo estrellado, una constelación, que de ponerle nombre se haría impreciso y equívoco. Quiero por ahora callar, buscar la sinceridad de las palabras que aman, y refugiarme en el monasterio del silencio y la sanación. Les leeré pronto en su voz de otra estrella.

Su amigo,
Isaac G.

P.D. ¿Qué hacer con ese amor que se le acumulaba en el pecho remeciéndole tan fuerte el corazón que sus latidos, en la noche, se escuchaban por toda la calle acallando el coro de ronquidos?
Alejandro Jodorowsky

lunes, agosto 27, 2007

Azul Celeste

(Pesar un viaje, pensar en eclipse)


Cada vez que hay eclipse lunar, las olas del mar son quietud. El cuerpo deja de latir la luna, por hoy no lo llama más, se incendia despierto el sueño con corazones de estrella. Es entonces que el pecho tiene reflejo y las sábanas líneas de mano. Usted es mi destino, le soñaré

¡Suéñame!...hazme sueño

Que está ausente el espejo de luz llena en el filo de mi ojo...

La pupila en creciente y alma se acoje



Image: Fur imaginary portrait of Diane Arbus




AZUL CELESTE
A Seryôël, por hacerse inasible aún

Azul es el este
¿Halo u ocaso?
Suspiro, y vos helado,
traje de día
azul a su lado;
¿Qué es ave?
¡...minutero enterrado!
¿llave del día?
con diario, al día hablo.
Del lirio, de flor
de pez recién acosado,
¿Es sales, el mar escaso?
...es voz, espejo, sonido

encerrado.

miércoles, mayo 23, 2007

Arpa de color magenta


A Petit Prince


Un arpa ruboriza al cielo, como si la tristeza tuviese un color magenta –he visto en algún lado este sonido. Forcé la memoria, pero no había recuerdo ni eco semejante a esta instantánea ¿Seré preso de la melancolía? Sólo un melancólico ve sonidos del pasado, los usa como intersticios, huye en ellos, en ellos ora, llora en ellos, y ya en ellos deja de ser él. Este no sería mi caso, pues hace un par de días que la melancolía ya no habita –¡En vano he de esforzarme! Los ojos cerrados jamás recuperan recuerdos, elaboran los propios a través de los fantasmas que quedan al peinar la realidad con inquietas pestañas. Ver al cielo en magenta, sería verle llorar con los ojos llorando o ruborizarse por culpa del atardecer, fue desde entonces que me he propuesto gravar minuciosamente la realidad, para cuando habite en ellos, nosotros o ustedes, tengan mis colores en su mirada.

Valiente solución, desde aquí instar por instantáneas curiosidad y respeto a los días. Y si el arpa que entinta magenta al cielo no existía, verla con ojos de otoño y hacerla danzar en las hojas viento, será bastante insinuación para asirla –adelante, me dije. Comencé a ver, aves, y en ellas el desvelo del arpa nocturna. Había iniciado, con un pequeño desliz, el arpa nocturna, que muda en magenta al silencio de la mirada.

Fue así, que le encontré tan dispuesta a volverse recuerdo, sin querer ser tiempo, antes del ocaso, antes del desvelo, mucho antes que el paraguas de hielo se derritiese el cielo. Unió, como arpa de poetas, a la muerte en el quicio de la puerta. Solo veía su espalda, era un trigal inmenso, en ella las sombras danzaban con el viento, un ligero sonido emulaba al recuerdo. Me separaba de ella una ventana. Reflejo nulo. Al iniciar con el arpa nocturna, mi deseo de cielo magenta se hizo instantánea, su espalda, invadida por cortes de gota en la ventana, uno a uno maquillaron una flagelación con su reflejo hecho sombra, y el sonido, que a veces se agotaba con murmullos de glosa, encadenó el Déjà vu que imaginaría después. La mirada bajó hacía mi mano, leí mi destino. Había creado un arpa que ruborizaba al cielo, como si la tristeza tuviese un color magenta.

lunes, abril 02, 2007

Hilaciones Metafísicas

Bastaría con tomar la aguja, un poco de hilo "aster" y armar el pentagrama. Unir lentamente los colores con el sonido de un poema o una cámara. Bastaría, pero jamás ha sido suficiente. Ella supo hacerlo, por lo menos, lo hizo cuando sepultaban al viejo "Olvido". Me queda la incógnita de qué tanto sabrá que aquel viejo jamás adoró la música en las letras, sino el silencio en las notas, la ausencia a copla. Quedará como prueba la última nota en color azul que encontré cuando ella yacía muerta:

"Sabías que unirse al mar ¿lastima tanto como el viento del norte? que hilar al sur es tan fortuito como decir que fuiste tu quien reiteró la reitarada en poesía, sin viento, sin flauta, sin ella,
Ariadna"